La Colifata – Siempre fui Loco (2002)

Cuando se abren los micrófonos de Radio La Colifata, uno debe estar preparado para cualquier cosa. Puede ser que aparezca Napoleón disertando sobre la vida o que un representante de Dios en la Tierra anuncie que el mundo acaba mañana. A veces, alguien hace llegar su voz remota desde Marte o se arranca a entonar canciones relacionadas con la cárcel, o simplemente, habla por el mismo acto de hablar, largo y tendido, con la grata garantía de saber que hay quien escucha.

Aunque así pudiera parecer, no es el humor lo que distingue a sus locutores, todos pacientes del Hospital Neuropsiquiátrico José T. Borda, de Buenos Aires. Como tampoco es el lucro lo que mueve a su director, Alfredo Olivera, que lleva 13 años al frente de esta fórmula pionera, mezcla de comunicación y psiquiatría, que es el primer experimento de radio como terapia para enfermos mentales.

Cuando se abren los micrófonos de La Colifata, es la locura la que habla. No en vano, un colifato es alguien tocado en lunfardo, el argot porteño, el idioma del tango.

«Yo quiero hablar de por qué la mujer es un bichito raro», fue la reacción de uno de los pacientes al proponerle el proyecto.Así lo recuerda Olivera, que entonces tenía 24 años, era estudiante de Psicología y en su cabeza rondaba una idea: «Devolver a estos enfermos algún contacto con el exterior».

Sin apoyo institucional, sin medios técnicos ni económicos, comenzaron las retransmisiones. Bastaba una mesa-estudio improvisada en el patio del Borda y una grabadora de periodista. Sólo había que lograr que estas voces atravesaran los gruesos muros del hospital.

«Partiendo del posicionamiento ético de que la palabra de toda persona, en el contexto adecuado, puede ser digna y servir de aporte, queríamos que La Colifata fuera para estos enfermos una ventana: con su familia, con sus amigos, con la sociedad», explica Olivera, que ideó entonces los microprogramas, resúmenes editados de dos minutos que fueron distribuidos a las distintas AM y FM del país para ser emitidos en el contexto de sus programas.

Ocurrió que los radioyentes comenzaron a interesarse por aquellos temas cotidianos tratados desde el delirio. El público llamaba para opinar, para preguntar a los pacientes del Borda, donde el 60% lleva más de 10 años interno, la mayoría con diagnóstico crónico. Y estas repercusiones de la audiencia eran asimismo grabadas para volver a su origen, La Colifata, donde los enfermos comprobaban que su voz, al fin, obtenía respuesta.

«Nos constituimos en una ONG que contribuye a evitar el reinternamiento de estos enfermos», señala Olivera. Y está demostrado: el 40% de los pacientes que participaron en La Colifata lograron el alta. Y de éstos, sólo los que continuaron en la radio no volvieron a ser internados.

Resalta su director la reacción de la sociedad: «Unos oyentes nos regalaron un Citröen, unos ingenieros nos ayudaron con la página web, un aficionado a la onda corta consiguió que pudiera escucharse en Miami y la Antártida…». Incluso Manu Chao contribuyó a la causa al ceder los beneficios del disco La colifata, siempre fui loco, grabado con los músicos de la calle de Barcelona y audios intercalados de los pacientes.

Rota la frágil línea que separa a los de dentro y a los de fuera, el eco de La Colifata traspasó fronteras. No sólo fue acreedora del Premio Broadcasting e invitada al Congreso Mundial de la Comunicación, sino que, además, empezaron a surgirle hijos: Radio Vilardevoz en Montevideo; Durchegknallt en Nuremberg o La Vitrina en Collado Villalba son sólo algunas de sus réplicas, siempre bajo el asesoramiento de Olivera, que fue elegido emprendedor de Ashoka, entidad que brinda ayuda a aquellas personas cuyas ideas suponen un cambio social significativo.

Hoy en día, La Colifata es un proyecto consolidado, tanto en su vertiente terapéutica como en su labor comunicativa. Prueba de esto último es que existen corresponsales colifatos (algunos «desde arriba del cielo») y que dos internos poseen acreditación en el estadio de fútbol Boca Juniors para seguir los partidos desde el palco de prensa.

Alfredo Olivera sobrevive con lo que gana en su consultorio particular.Y aunque hay quien anda pujando por los derechos de su vida para una película, él tiene dudas: «…Es que el tema de la locura, si no se trata adecuadamente, puede ser carne del morbo, lamentable y patético». (Fuente: Website Manu Chau).

Link de descarga: GPS Sonoro (Bloger: Fulcanelli y otros).

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: